Me encuentro caminando por un nuevo camino, pero mis pies sangran como ayer… Hundiéndose en el barro de plomo que yo misma sembré.
Este sendero es el reflejo de lo que soy, es un pantano tan oscuro y venenoso que hasta la más obtusa sombra pesa, colgándose en tus brazos, arrodillándote sobre el fango de tu propia benevolencia.
Cerrás los ojos, creyendo que todo será mejor, pero tus ojos siguen cerrados y entre medio de tanta pesadumbre, no se puede hallar más que sórdidos y lúgubres pensamientos; que sólo conducen al mismo lugar… A la miseria de tu propia existencia.
Abrís los ojos, y estás parada a la par de tus huellas, observás alrededor, y esa mueca con sonido decepcionado sale de tu boca sabiendo que no podés creer y que en realidad es tan obvio como vos; tu pantano, tu veneno y tu barro.
Parece que nada cambia y en efecto nada puede cambiar, y en medio de la sincera naturalidad, surge lo más hermoso y divino… Una luz misericordiosa que me envuelve y me llena, devolviéndome la fuerza y el amor… Amigándome con mi propio espectro.
Sos la indulgencia que libera todo mis males, la vitalidad de mi cuerpo, la razón del querer mejorar lo que no puedo cambiar a pesar de que todo es tan cruel e inhumano.
Sos el único poder que pone un espejo en frente de mí, mostrándome mis demonios fuera de control, esa niña que llora sin porqué, y la mujer consumida de un cansancio sin esfuerzo.
Sos ese universo plasmado de energía, que baja mi arma suicida reduciéndose a cenizas.
Sin tu luz, mis obstáculos no se revelarían, sin tu voz no tendría guía, sin tu amor sería un harapo más en un cajón, sin vos no sería nada y seguiría sellada en mi molde de acero blindado, viendo la vida pasar como diapositivas en blanco y negro.
Sos el comienzo, la salida de mi laberinto cerebral, la sonrisa inesperada de esperanza que surge sin pedir permiso, la inspiración en medio de un triste momento de autorreflexión, el motor que levanta este pie hundido y lo lleva al paraíso de tus ojos… Y serás más aún que letras y el “Todo” que te forma… Mientras yo me acuesto en mi cama de piedra, oliendo la humedad de mis palabras.
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